martes, 22 de enero de 2008

Basta de Esperanza- DISEÑO DE FUTURO

Basta de esperanza!!!
DISEÑO DE FUTURO

La esperanza es lo último que se pierde”. Esta frase la he escuchado decenas de veces, y siempre me ha dejado una sensación de alivio, pero a la vez impotencia. Y es que la esperanza proviene de “esperar”. Cuando hablamos de “esperanza” hablamos de una emocionalidad aliviadora, sustentada en la expectativa de que algo externo a nosotros, solucionará los problemas que por nosotros mismos no podemos resolver.

La esperanza es una emocionalidad legítima, y respetable. Puedo juzgarla positiva, en cuanto produce bienestar en el vivir que estemos viviendo. En momentos donde todo se desmorona, donde el acontecer se presenta sin sentido, poder dirigir la mirada hacia un refugio, como la esperanza, puede servirnos. Ante la enfermedad, ante la muerte, ante la guerra, ante la hambruna, ante la injusticia, la esperanza puede ser una elección acertada para sobrellevar situaciones terribles.

Claro está que la esperanza no produce aquello para lo cual tenemos esperanza. Produce una emocionalidad positiva en el presente en el que estemos, pero no el resultado pretendido con la esperanza. Siempre es algo externo lo que producirá el cambio
En la vida cotidiana ese “algo” externo puede ser, por ejemplo:

Jefes: “yo tengo esperanza que se de cuenta del potencial que tengo y me dé una oportunidad
Gobernantes: “yo tengo esperanza que con Pedro las cosas van a cambiar
Dios: “yo tengo esperanza que Dios le de fuerza para seguir adelante
Pareja:yo sé que “Juana” va a cambiar. No pierdo la esperanza
La economía: “estoy esperanzado que el rumbo económico cambiará
La vida: “yo tengo esperanza en conseguir el trabajo o el puesto que merezco. La vida es así, hay que ser tolerante y las cosas llegan
Leyes universales: “tengo esperanza de lograr mis objetivos. Lo que uno da, por algún lado vuelve. Y yo he dado mucho

En todos estos casos hay un factor común: la ausencia de la propia acción. La máxima detrás de la esperanza es: si algo que deseo ha de ocurrir, no será por mí hacer. Será producto de circunstancias favorables.

En términos del fenómeno de la acción y resultados (no de la emocionalidad y corporalidad) la esperanza y la resignación son lo mismo. Son diferentes caras de la misma moneda: ninguna gatilla acciones potentes para crear nuevas “realidades”.

La esperanza es un “parche” para evitar el malestar de la resignación, pero a la vez es un refuerzo del paradigma que le da origen a esa resignación: El paradigma del “espectador” y/o de la “victima”. El paradigma en el cual no somos partícipes de la construcción de las circunstancias, sino que las circunstancias nos crean a nosotros. Es el paradigma, en el cual nos vemos presos de un devenir que no elegimos.

Desde este paradigma las dos grandes alternativas son vivir en la negatividad de la resignación o el la positividad de la esperanza. O por supuesto, ir de una emocionalidad a la otra, construyendo un circulo de pasividad, donde miramos como nos pasa el vivir desde la butaca del espectador o desde el lamento de la victima, sin darnos cuenta que todos estamos en el campo de juego, co-construyendo nuestro vivir, en una interrelación constante con los otros y el medio, donde nuestras acciones son decisivas para el acontecer que nos acontece.

En la esperanza accionamos desde el apego a una manera histórica de percibir las posibilidades. Con nuestra acción directa sólo es posible aquello que nuestra arsenal de vivencias nos dice que es posible. Todo lo demás, aquello que queda fuera de nuestro modelo de lo “racional” o “lógico”, esta en la dimensión de lo imposible. Esto es planificar desde lo que paso y no desde lo que quiero que pase.

La esperanza es creer que puede ocurrir algún milagro, es decir que algo de la dimensión de lo imposible puedo ocurrir. No tomamos responsabilidad por ello. Las circunstancias, arman la realidad y el futuro

En la resignación, mirar la dimensión de lo imposible, resulta inútil, dado que creo que no hay nada que pueda yo hacer para que algo cambie.

Tanto en la resignación, y en la esperanza el pasado sigue organizando el presente. Todo lo que valla a ocurrir será una variación del pasado.

Quién asume un rol de protagonista, no mira el presente y a las posibilidades futuras, desde su historia. El protagonista “es la posibilidad”. El protagonista asume el futuro como un “contexto” desde donde construye el presente. Y desde esa posibilidad, declara nuevos compromisos, tiene una nueva mirada sobre las circunstancias, los otros, y cimienta su “realidad”.

Quien asume el rol de protagonista, distingue las posibilidades no como “algo” que está en el futuro (esperanza). Las posibilidades son una forma de estar “siendo”, es un prisma desde donde el vivir diario nos ocurre.

Familias, emprendimientos, grandes empresas han ocurrido primero como una posibilidad de un grupo de mujeres y hombres que dejaron de tener esperanza, y pasaron a la acción comprometida

Esta es la mirada del emprendedor, del líder, del proactivo, del gerente/coach. Ellos no viven en la esperanza. En todo caso, podemos hablar de FE. No de la FE como una explicación religiosa (que es valida también), sino FE como la emoción donde nuestras acciones son coherentes con la posibilidad que hemos creado, porque estamos completamente seducidos sobre que esa posibilidad ya está viva, a través de nuestro propio vivir.

En la FE no hay dudas sobre aquello en lo que tengo FE. ¿Por qué no hay dudas? Simplemente porque lo deseo, y lo prefiero así. Por que hago uso de mi libertad creativa. No importa los argumentos racionales, ellos sólo se alinean a lo que deseo, prefiero, creo y por lo tanto me comprometo.

La FE es compromiso y acción. La esperanza es anheló y espera.

Una curiosidad: para distinguir la primera persona del presente del verbo “creer” y “crear”, usamos la misma palabra “yo creo”. Primero creo (de creer) y luego creo (de crear).

Por lo tanto en la FE del protagonista la posibilidad deja de ser una meta, un lugar a donde llegar. La posibilidad es “la razón de ser hoy”. Las prácticas cotidianas giran en torno a la posibilidad.
Nuestra fuente de acción ya no es las experiencias pasadas, (si bien las honramos y nos nutrimos de ellas), nuestra fuente de acción es la posibilidad que hemos creamos.
De allí esta pregunta:
¿Cuál tú fuente de acción?

Si queremos un mundo diferente, necesitamos acciones diferentes. Desde la esperanza, nos perpetuamos en una misma forma de vivir.
Ojala, perdamos la esperanza!!! Y accionemos para hacer que lo que decimos que queremos que ocurra.

Fernando Sáenz Ford
Directo Sincro Consultora
info@sincroconsultora.com.ar

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Fernando: me he quedado perplejo con está reflexión, especialmente con la diferencia entre esperanza y fe.
Saludos
Claudio

fernandosaenzford dijo...

Hola Claudio: deseo que esa perplejidad, sea una emoción abridora de posibilidades.
Muchas gracias por tu comentario.
Saludos
Fernando

CATALINA PELÁEZ PEÑA dijo...

Que buena distincion.
Una vez nos creemos capaces de accionar, podemos crear nuevas realidades.
Tambien creo en la confianza de que hay una sincronicidad que nos ayuda a lograr lo que queremos. Llamese Dios, universo, fuerza espiritual etc.
Lo importante, como dices, no es esperar, sino ser activos en el diseño.

Gracias y que bueno seguir aprendiendo de ti, desde la distancia.
un abrazo

Liliana dijo...

Hola Fernando
muy interesante la interpretacion sobre la esperanza... en cierto sentido podria llegar a tocarse con el PENSAMIENTO MAGICO aunque de base, pienso que es positiva dado que es contraria a la des-esperanza que sí que nos inmoviliza e inactiva.
Muy interesante, muchas gracias!
Saludos,
Liliana